Inocencia

Hace ya dos años hablé en un post sobre muchas cosas que me entristecían o afectaban en ese momento, cosas que debían ser cambiadas y la forma en la que intenté cambiarlas.

Todo lo enfoqué desde la idea de que la vida es un ir y venir de bromas y no sé si ahora mismo quiero enfocarlo igual porque, como aquel día, no tengo muchas ganas de reír mientras escribo estas líneas, a bolígrafo porque me siguen doliendo las manos.

En mi cabeza sólo hay una idea general de lo que quiero hablar pero seguro que la excitación del momento me lleva suficientemente lejos. Como hizo hace dos años. Como siempre hace.

Enlazando con lo que dejé a medias, tenía un trabajo, sí, que obtuve antes de terminar la carrera. Me despidieron de él. Sí. “La empresa de sofware libre más importante de Euskadi” (haha) me despidió. Esto puede suponer un shock importante para los lectores habituales de este sitio y seguramente para cualquier persona que me conozca, pero así fue. Sufrí una broma grandiosa y hoy, dos años más tarde era momento de contarla bien.

En realidad la broma no fue el despido sino todo el tiempo que pasé allí, cobrando menos de 800€ con un convenio destartalado y unas condiciones laborales cada vez más repugnantes. Feliz, porque aprendía cosas. Feliz, porque tuve unos compañeros excepcionales a los que echo mucho de menos a veces.

Ésta es la genial broma que tenemos hoy sobre la mesa, la que me permitirá arrastrar todo lo demás.

El despido de Irontec se debió a varias cosas, algunas de ellas fueron culpa de mis más elaboradas y sutiles bromas. Fueron todos esos momentos que le hicieron a mi jefe saber que yo no iba a conformarme con cualquier cosa, que a mí necesitaba alimentarme con retos, que yo no quería apalancarme sin más en un puesto de trabajo que no me aportase absolutamente nada. Me despidieron por la misma razón por la que me contrataron. Me despidieron porque Gorka es muy listo y sabía que me iría pronto.

“Me lo agradecerás cuando estés desarrollando microprocesadores o lo que sea que acabes haciendo” me dijo. Y se lo agradezco, pero fueron tiempos difíciles y me dolió mucho porque casi me había convencido a mí mismo de que ese lugar estaba bien y que no quería marcharme. Esa broma fue muy pesada, siempre es pesado que te despidan pero más cuando te dicen que no tienen ninguna queja de tu trabajo, que te largan para que no te largues tú, que no tienen sitio para ti.

Me echaron de aquella empresa, empresa supuestamente hacker, por ser como fui en mi PFC, el detonante de este blog.

Eso no fue suficiente para acabar con mi carácter bromista. Ese carácter que hoy más que nunca está presente en mi vida y más aprecio. El que me lleva a los lugares donde quiero estar.

Estuve cuatro meses en paro, desesperado en cierta manera, pero seguí haciendo cosas en mi tiempo libre, cosas técnicas, aprendiendo, mejorando porque, para mí esto no es sólo lo que hago para ganarme la vida. Esto lo hago porque me encanta.

Durante el tiempo en paro las bromas aumentan. Todo el mundo me anima a intentar trabajar en lugares que no son suficiente, que no sacian el hambre y les digo que no. ¡Qué risas recordando sus caras! Recuerdo cuando le dije a mi padre que no echaba currículum en ofertas que quisieran a más de una persona porque significaba que quería a gente estándar para cubrir un puesto y que yo no quería eso para mí. Ahora tiene mucha gracia, la verdad, aunque cuando eso no la tuvo. Es una broma a largo plazo.

Otra broma que no he sabido valorar lo suficiente hasta pasado un tiempo de aquello es el puñetazo de realidad que me di a mí mismo. Durante esos meses en paro me dedicaba a otras cosas por las mañanas mientras que, por las tardes, programaba, investigaba y buscaba trabajo. Con el tiempo, echando la vista atrás, me di cuenta que aprendía mucho más en mi casa que en mi trabajo de prácticas al que, supuestamente, iba para aprender.

No sólo me engañaron ellos, me había engañado todo el mundo y yo, tonto de mí, no había caído en la cuenta.

Durante ese tiempo además, este blog, que estuvo a punto de desaparecer hace dos años cuando escribí la entrada a la que hice referencia al principio, tuvo sus mejores momentos, cuando dedicaba días a investigar y preparar buenos contenidos en la línea que me interesa.

Cuando aquello mi situación personal empezó a irse a la mierda (si no lo estaba ya) pero decidí que a pesar de todo me mantendría bromista y feliz. Mi novia me dejó para que pudiese irme lejos, a un sitio en el que querían contratarme y fui. Hecho mierda, pero fui. Todo el mundo me deseaba de nuevo un precioso viaje a varios cientos de kilómetros de mi casa (recordáis alemania ¿no?). Sentí que todo el mundo quería que me largase, como si nunca hubiesen querido que estuviera aquí. Qué bromistas ellos también ¿verdad?

Una vez allí me di cuenta que el río se estaba saliendo de su cauce y que no estaba haciendo las cosas como tenía que hacer, así que dos días más tarde volví, a donde nadie me quería, a hacerlo a mi manera. Antes de ir compré dos cuadernos, éste en el que os escribo y otro en el que empecé a escribir un libro. Eso me hizo centrarme durante todo ese tiempo y me ayudó en los tiempos en los que ver tantas ofertas de trabajo basura me machacaba por dentro.

Poco después, me contrataron en un sitio. Lo que aprendí en este tiempo y la actitud que desarrollé me ayudó a conseguir un buen trabajo, que aún conservo tras algo más de un año. Ahora soy ingeniero de investigación y desarrollo en Fon Labs, el departamento de I+D de Fon, la empresa del Wifi que quizás conozcáis. Por fin estaba en un sitio que me aportaría cosas. A menos de 30Km de mi casa además. Y todo el mundo diciéndome que lo encontraría fuera ¡JA JA JA! ¡Imagina que me llego a quedar allí!

Joder, por fin estaba a gusto otra vez, a pesar de todo lo que quedó roto. Unas condiciones laborales infinitamente mejores (tranquilos que no soy rico todavía) y un trabajo técnico era lo que necesitaba.

Si hubiese perdido las ganas de hacer lo que me gusta, si hubiese cambiado, quizás ahora estaría en otra parte. Quizás, ahora, no estarías leyendo esto.

Como dije, la vida es una puta inocentada que cambia y gira en cada momento y lo que creías que estaba bien rápido se va a la mierda.

Mantente firme y sigue siendo tú, disfrutando de lo que haces y no renunciando a ello. Si no, puede que te quedes allá, que sigas toda la vida con esos 800€ o menos, o, lo que es peor, que creas que eso es todo a lo que puedes aspirar.

Continuará pronto.

 


Quiero dejar un pequeño espacio final, como hice la otra vez, para todas las personas que nunca perdieron un atisbo de fe en mí. Esos “Ekaitz, si alguien puede eres tú” peusto que ellos son la razón por la que la rueda sigue girando y no he colapsado todavía. Todos necesitamos un motor. Todos necesitamos que nos confirmen que vamos por el buen camino.

Además, también quiero agradecer a quien nunca quiso que me fuera, y que ahora está durmiendo a mi lado en el sofá, todo lo que me da sin pedirme absolutamente nada. Si no fuese porque estabas tú aquí quizás no me hubiese importado no volver nunca.

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